Con sistema de control biológico mejorarán funcionamiento de los tranques de regadío

imageResize1Reducir el crecimiento de las macroalgas que afectan la capacidad de almacenamiento de agua en los tranques de regadío, a través del desarrollo de una tecnología de control biológico, es el objetivo de un proyecto que ejecuta la empresa Clean Energy con cofinanciamiento de la Fundación para la Innovación Agraria (FIA), del Ministerio de Agricultura.

Una de las principales preocupaciones de los predios agrícolas es el manejo del recurso agua, debido a la escasez creciente que ésta presenta a nivel mundial. Una de las formas más usadas para optimizar el uso del recurso hídrico, es la implementación de sistemas de tranques, los que permiten una provisión hídrica continua para los cultivos que se desarrollan durante las épocas en que existe menor disponibilidad de agua.

Sin embargo, las grandes masas almacenadas en los tranques, generan ecosistemas de vida, provocando la proliferación —a veces descontrolada— de gran cantidad de biomasa macroalgal que obstruye los filtros y canalizaciones del sistema de riego. Todo ello obliga a efectuar retrolavados más frecuentes de los filtros, con el consiguiente gasto de agua y energía, además de generar un riego ineficiente.

Para enfrentar este problema, Clean Energy está implementando una innovadora tecnología basada en el cultivo, uso y aplicación de microalgas benéficas, productoras de biocidas, que desplazan el crecimiento natural de macroalgas. Junto con ello, producirá hormonas vegetales para estimular el crecimiento radicular de las especies vegetales, aumentando la superficie de absorción de agua por parte de las plantas, contribuyendo al uso eficiente del recurso hídrico.

“Actualmente, el control del crecimiento de las algas en tranques de regadío, se hace principalmente con sulfato de cobre, que si bien es un compuesto que aporta un micronutriente esencial a los cultivos (cobre), es de alta toxicidad si se aplica en excesivas concentraciones, impactando negativamente a las napas de agua debido a la infiltración de este metal hacia las capas más profundas de terreno”, destaca el coordinador del proyecto, Marcelo Fuentes.

Así, el proyecto contribuirá, además, a impulsar la agricultura orgánica y biodinámica, que pretende concretar la inocuidad alimentaria en todas las cadenas productivas de los alimentos que llegan finalmente a los consumidores, mejorando la competitividad de los agricultores que adopten esta tecnología.

“Los agricultores han vivido con este problema durante años, y por tanto, no dimensionan el ahorro en costos operacionales que podrían llegar a tener al regar con agua de mejor calidad y sin la presencia de macroalgas”, enfatiza la ejecutiva de innovación de FIA y supervisora del proyecto, Loreto Burgos.

En su plan de trabajo, el desarrollo del proyecto contempla  analizar el estado del arte en relación a los efectos asociados al uso de hormona vegetal en cultivos de frutales y/o hortalizas; identificar y seleccionar especies de microalgas productoras de hormonas vegetales; y seleccionar la o las microalgas cuyo crecimiento y productividad se adapte mejor a las condiciones ambientales de la zona central del país, entre otros objetivos.

Prueba en uvas viníferas

En una primera instancia, el proyecto se evaluará aplicándolo en el cultivo de uvas para uso vitivinícola. Existen más de 100.000 hectáreas de cultivo de esta especie en el país, las que en su conjunto mueven alrededor de más de US$ 210 millones anuales por concepto de adquisición de agroquímicos y fertilizantes.

Se debe señalar que este sector está incorporando cada vez más productos de origen orgánico, que potencien su competitividad en los mercados internacionales, como Europa y EE.UU., que privilegian el desarrollo ambientalmente sustentable.

Es así como el proyecto planteado por Clean Energy permitirá a este sector implementar una tecnología que además contribuirá a reducir sus costos, a través de la incorporación de una forma eficiente de utilizar el agua de riego.

“La tendencia mundial apunta al uso responsable de recursos hídricos y reducción de emisiones de CO2. La decisión final de compra en el mercado del vino, en  países desarrollados, apunta a aquellos productos en cuyo proceso tengan una baja huella de carbono y agua”, indica Fuentes.

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