La gula de los corderos

El Ayuntamiento de París pondrá a pastar en sus parques a rebaños de ovejas como método para cortar el césped de forma barata y ecológica

La gula de los corderos

Ovejas pastando. / Denis Balibouse (Reuters)

Olvide las máquinas cortacéspedes y las desbrozadoras, ponga una oveja en su jardín. Es lo que ha hecho el Ayuntamiento de París, que de forma experimental reclutará rebaños de ovinos para que sieguen la hierba de un modo barato, silencioso y ecológico. El eco-pastoreo, que así se llama el invento, tiene las ventajas de que reduce el consumo de combustible y abona el terreno de forma natural. Lo malo del asunto es que también supone un ahorro en mano de obra, y tal y como están las filas del desempleo, las ovejas pueden ser destinatarias de mucha inquina.

Como paso inicial, el consistorio parisino dejará pacer al ganado lanar en un terreno baldío de 2.000 kilómetros cuadrados que pertenece al servicio de los Archivos de París. Si los animales acreditan su destreza en el arte de cuidar el césped, la iniciativa se extenderá a los bosques de Vincennes y de Boulogne. Este último, de 846 hectáreas, es dos veces y media mayor que el Central Park, de modo que los hervíboros dispondrán de comida suficiente para hartarse. Como es de pésima educación hablar con la boca llena, a estos cortacéspedes ecológicos no les quedará otra que atenerse al silencio de los corderos.

Poner a las ovejas a pastar y que de paso ejecuten el trabajo del jardinero no es algo nuevo. De hecho ya se ha probado con excelentes resultados en el Reino Unido y otros países. Los ovinos, aunque están considerados una especie bastante estúpida, tienen el miramiento de no echarse a la andorga flores e insectos, con lo que su labor es mucha más selectiva que la de una segadora. Además, allí donde no llega una podadora es fácil que accedan los dientes de una oveja. Eso sí, hay que tomar ciertas precauciones, como poner enrejados para proteger aquellas plantas que se quieren preservar de la voracidad de los carneros. Ya se sabe a que a veces bajo la piel de cordero se esconde un hambre canina. Lo novedoso del experimento estriba en saber si los borregos sabrán comportarse y moverse en ambientes urbanos y populosos como los elegantes barrios parisinos. En áreas rurales son estupendos para mantener a raya las malas hierbas. Hay quien dice que un solo animal se sobra y se basta para tener cuidados 1.500 metros cuadrados de pasto. Por añadidura, en los montes, las ovejas se han convertido en magníficos retenes para la prevención de incendios, por cuanto eliminan la maleza de la que se alimenta el fuego.

Frente a los que esgrimen el argumento de que el nuevo método matará de hambre al gremio de jardineros, hay que decir, en descargo de las ovejas, que allí donde han puesto a currar a los animales se han contratado pastores urbanos, de manera que lo que se pierde por un lado se gana por otro.

REUTERS //ANTONIO PANIAGUA | MADRID

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2 Respuestas a “La gula de los corderos

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